Hace 50 años / The Beatles - Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band (1967)

jueves, 21 de septiembre de 2017

Despertar - Eduardo García - España


Ese hombre que camina
con las manos sujetas a la espalda,
nos saluda al pasar, comprueba su reloj,
acude a su quehacer sin preguntarse
si va en su dirección y en su sentido.

No sabe que a su espalda se libra una batalla,
que su mano derecha
aferra sin piedad a la otra mano,
la retiene a su antojo por la fuerza,
prisionera, infeliz, sin voluntad.

Si un buen día la mano sometida
se niega a cooperar y en un descuido
reduce a su adversaria, se hace fuerte,
toma la iniciativa, arrebatando
el rumbo de los pasos, ya se atreve
a estrenar una vida renovada…

¿qué será de ese hombre inofensivo
cuando empiece a arrojarse a la aventura,
a derrochar las suelas y el impulso,
abandonándose al azar
del encuentro feliz, recolectando
a su paso semillas y canciones?
De Refutación de la elegía, 2006

martes, 19 de septiembre de 2017

Del diario de Kafka - José Manuel Caballero Bonald - España


Si ahora de pronto optase
por no escribir (o no pudiera) y diera
el día por perdido, posponiendo
para quién sabe cuándo, y además
qué importa, la metódica
copia de mi agresividad
contra mí mismo, ¿pensaría
como Kafka (conocido empleado
de seguros) que esa dudosa obligación
no cumplida, se me iba a convertir
de alguna burocrática manera
en la razón de una desdicha irreparable?

domingo, 17 de septiembre de 2017

El Romancero/ 11 - Romance del rey don Sancho Ordóñez / Romance del conde Fernán González - Anónimo - España


ROMANCE DEL REY DON SANCHO ORDÓÑEZ
(ROMANCES DEL CONDE FERNÁN GONZÁLEZ)

Castellanos y leoneses      tienen grandes divisiones.
El conde Fernán González      y el buen rey don Sancho Ordóñez,
sobre el partir de las tierras,      y el poner de los mojones,
llamábanse hi-de-putas,      hijos de padres traidores;
echan mano a las espadas,      derriban ricos mantones:
no les pueden poner treguas      cuantos en la corte son,
pónenselas dos hermanos,      aquestos benditos monjes.
Pónenlas por quince dias,      que no pueden por más, non
que se vayan a los prados      que dicen de Carrión.
Si mucho madruga el rey,      el conde no dormia, no;
el conde partió de Burgos,      y el rey partió de León.
Venido se han a juntar      al vado de Carrión,
y a la pasada del río      movieron una quistión:
los del rey que pasarían,      y los del conde que non.
El rey, como era risueño,      la su mula revolvió;
el conde con lozanía      su caballo arremetió;
con el agua y el arena      al buen rey ensalpicó.
Allí hablara el buen rey,      su gesto muy demudado:
-¡Cómo sois soberbio, el conde!      ¡cómo sois desmesurado!
si no fuera por las treguas      que los monjes nos han dado,
la cabeza de los hombros      ya vos la hubiera quitado;
con la sangre que os sacara      yo tiñera aqueste vado.
El conde le respondiera,      como aquel que era osado:
-Eso que decís, buen rey,      véolo mal aliñado;
vos venís en gruesa mula,      yo en ligero caballo;
vos traeis sayo de seda,      yo traigo un arnés tranzado;
vos traeis alfanje de oro,      yo traigo lanza en mi mano;
vos traeis cetro de rey,      yo un venablo acerado;
vos con guantes olorosos,      yo con los de acero claro;
vos con la gorra de fiesta,      yo con un casco afinado;
vos traeis ciento de mula,      yo trescientos de caballo.
Ellos en aquesto estando,      los frailes que han allegado:
-¡Tate, tate, caballeros!      ¡tate, tate, hijosdalgo!
¡Cuán mal cumplisteis la treguas      que nos habíades mandado!
Allí hablara el buen rey:      -Yo las cumpliré de grado.
Pero respondiera el conde:      -Yo de pies puesto en el campo.
Cuando vido aquesto el rey,      no quiso pasar el vado;
vuélvese para sus tierras;      malamente va enojado.
Grandes bascas va haciendo,      reciamente va jurando
que había de matar al conde      y destruir su condado,
y mandó llamar a cortes;      por los grandes ha enviado:
todos ellos son venidos,      sólo el conde ha faltado.
Mensajero se le hace      a que cumpla su mandado:
el mensajero que fue      de esta suerte le ha hablado.


ROMANCE DEL CONDE FERNÁN GONZÁLEZ
(ROMANCES DEL CONDE FERNÁN GONZÁLEZ)

-Buen conde Fernán González,      el rey envía por vos,
que vayades a las cortes      que se hacían en León;
que si vos allá vais, conde,      daros han buen galardón:
daros ha a Palenzuela      y a Palencia la mayor,
daros ha a las nueve villas,      con ellas a Carrión,
daros ha a Torquemada,      la torre de Mormojón.
Buen conde, si allá no ides      daros hían por traidor.
Allí respondiera el conde      y dijera esta razón:
-Mensajero eres, amigo,      no mereces culpa, no;
yo no he miedo al rey,      ni a cuantos con él son.
Villas y castillos tengo,      todos a mi mandar son;
de ellos me dejó mi padre,      de ellos me ganara yo;
los que me dejó el mi padre      poblélos de ricos hombres,
las que me ganara yo      poblélas de labradores;
quien no tenía más que un buey      dábale otro, que eran dos,
al que casaba su hija      dole yo muy rico don;
cada día que amanece      por mí hacen oración,
no la hacían por el rey,      que no lo merece, non,
él les puso muchos pechos1      y quitáraselos yo.
Fernán González

1 Impuestos.

viernes, 15 de septiembre de 2017

Mis aventuras de Jeremiah Johnson (o de la doble vida de los dos d’Ors) - Miguel d'Ors - España


Nostalgias de otras vidas: aventura y combate,
no tus horas insípidas
de padre de familia y funcionario
que vive encarcelado en una agenda.

Nostalgia de luchar contra la selva,
de escalar ochomiles
entre el estrépito de los aludes,
de ataques de caníbales armados con curare,
de olas de doce metros en una ballenera,
de entrar en territorio comanche dando escolta
a una destartalada caravana
de colonos pardillos.
                      Que tu vida -suspiras-
fuese esa caravana que atraviesa Wyoming:
huellas de mocasines junto al río,
carretas que se quedan enfangadas
(vaya irlandeses lerdos),
fustigar a los mulos a voces y empujar
las ruedas con el barro a la cintura;
de pronto, sobre el filo de una loma,
la silueta ecuestre y sigilosa
de unos indios, pie a tierra todo el mundo,
son comanches, vosotros, con los winchester,
apostaos detrás de aquellas rocas,
vosotros, ensillando y al galope a Fort Laramie,
a dar aviso a la Caballería,
buena suerte, muchachos, las mujeres y niños,
detrás de esa carreta volcada -señorita,
hay un maldito indio detrás de cada piedra-,
y usted, doctor, olvide la botella
y meta la cabeza en un cubo de agua:
va a trabajar muy duro esta mañana;
y las primeras flechas y los primeros gritos,
¿ha manejado alguna vez un rifle?,
el olor de la pólvora, alguno de los nuestros
que cae muerto, caballos por el suelo,
y un ardor repentino
mordiéndome en el hombro, y por el horizonte
la trompeta del Séptimo, ¡salvados!, ¿le han herido?,
nada, sólo un rasguño, señorita,
mientes mientras la vista se te nubla.
Y caes desfallecido en su regazo.

Y ahora que al fin ya te has callado un poco,
permíteme decirte, so petardo,
que a ver si abres los ojos, que eres más lerdo que
todos tus irlandeses:
siempre fantaseando otra existencia,
que si explorar, luchar, tener miedo, subir,
caer, vencer, defenderse de los ataques indios...
y a fin de cuentas, padre de familia
y funcionario, ¿qué otra cosa has
estado haciendo tú toda tu vida?
De Hacia otra luz más pura, 1999

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Poema del café - Eduardo Jordá - España


Yo le rezo al café de la mañana.
Le pido que me traiga la paciencia
de la que está hecha, sí, toda alegría.
Le pido conversar con mis abuelos,
que llevan muchos años en la tumba.
Le pido que me traiga los recuerdos
que me enseñen quién fui, y cómo seré algún día.
Y le pido también, con cada sorbo,
que hasta mí traiga el canto de los mirlos,
y unas nubes huidizas, y una música
que me haga regresar a los lugares
en los que nunca he estado. Y le pido
el amor de los míos, que es tan frágil
como el brezo que crece entre las rocas.

lunes, 11 de septiembre de 2017

Ritratto di bambina - Waldo Rojas - Chile


Sobre un cuadro de Giovan Battista Moroni,
en l'Accademia Carrara, Bérgamo.
Bajo la unción de una realeza momentánea
de brocado y perlería
la majestad menuda de su lozana atildadura,
nada más que encarnación premonitoria de una damisela
de baraja,
nada menos que de nuestra fuga en tránsito
la hija desprovista.

No soy en su mirada el Otro de mirada alguna,
ahora que el que soy no me dictan sus ojos:
todo es conjetura si no perplejidad en la consigna muda
de un encuentro hecho de imágenes,
apenas el hallazgo mutuo de una manera de sombra
y la huella de un destello,
a despecho de quienquiera, en virtud de nada nuevo.

Desde su edad en remanso la Ninfa más propicia
me prodiga así entre todos
una mirada que puedo sin riesgo sostener.

Desposeimiento inapelable de toda posesión,
ojos de otro vértigo acercaron nuestro paso
al borde del secreto que no somos
a fuerza de ignorarlo.

Ella aquí nos atrae a la duración quebradiza
de su otrora en suspenso,
aligerados del peso de ataduras el lapso de tregua
de un trasluz
ni desvarío ni rencores, ni reproches ni éxtasis,
mientras vuelca el carillón tardío su cascada aquietadora,
como una imposición de manos leves
sobre algún dolor sin cuerpo venido a la memoria.

sábado, 9 de septiembre de 2017

Gato en retrato - Mirta Rosenberg - Argentina


Se pierde el momento
de empezar
se empieza
en cualquier lado: aunque
se pierda
el gato
está ganado. Y no se espera.

Ni siquiera
el gato espera al gato.

El gato es solo
y eso le permite
inventarse
sus pasiones. Su riesgo
es saber
y de antemano
que nadie lo querrá
como querría.
Y ésta:
"Gato en el mundo,
poco profundo",
su sentencia.

Siendo leve,
el gato es. Se sueña
con gatos cuando uno
se sale de sí mismo. El gato
rara vez
cabe en el gato.

Está
autorizado al equilibrio
y condenado
por lo mismo
a sitios relativos:
sube
y no asciende, baja
y no se hunde.

El único lugar del gato
es donde
el gato estuvo.

Según
mi amiga,
en Roma
hay siempre el mismo
gato.
Se renuevan
sin embargo
los gatos de París. Y hay
más de uno siempre a un tris
de ser feliz
aquí.

El aquí
es el conflicto del gato.
De donde mira
ve
que el mundo gira
y se marea. Gato mareado,
gato agotado. Lo pierde
lo relativo
y ni lo salva
saber que está ganado
aunque perdido.