Diana Krall - Glad Rag Doll (2012)

sábado, 25 de marzo de 2017

Augurios de Inocencia - William Blake - Inglaterra


A Dios

Si eres tú quien trazó un Círculo a la entrada,
entra tú mismo, a ver cómo te las arreglas.


Augurios de Inocencia

Ver un Mundo en un Grano de Arena
y un Cielo en una Flor Silvestre;
tener el Infinito en la palma de tu mano
y la Eternidad en una hora.

Un Petirrojo en una Jaula
pone furioso a todo el Cielo
Un palomar repleto de Palomas
estremece las regiones del Infierno.

Un perro hambriento a la Puerta de su Amo
predice la ruina de la Hacienda.
Un Caballo maltratado en el Camino
calma al Cielo pidiendo sangre Humana.

Cada grito de la Liebre cazada
rasga una fibra del Cerebro.
Una calandria herida en el ala
y un Querubín depone su canto.

El Gallo entrenado para la Lucha
al Sol Naciente atemoriza.
El aullido de cada Lobo y cada León
Recluta en el infierno un Alma Humana.

Los ciervos que vagan de un lado a otro
mantienen libre de inquietud el Alma Humana.
La oveja maltrata engendra Lucha pública
y perdona no obstante al Cuchillo del Carnicero.

El Murciélago que revuela al Atardecer
ha dejado el Cerebro que no quiere Creer.
El Búho que ulula en la Noche
pronuncia el temor del no Creyente.

Quien haga daño al Reyezuelo
jamás tendrá el afecto de los Hombres.
Quien despierte la cólera del Buey
jamás tendrá el amor de una Mujer.

El Muchacho travieso que a la Mosca derriba
sentirá que la Araña le es hostil.
Quien atormente al duende del Abejorro
un Emparrado teje en la infinita Noche.

La Oruga en la Hoja
repite para ti la pena de tu Madre.
No mates Mariposas ni Polillas,
pues el Juicio Final ya se aproxima.

Quien entrene al Caballo para la Guerra
jamás ha de cruzar la Puerta del Norte.
El Perro del Mendigo y el Gato de la Viuda:
aliméntalos y engordarás.

El Mosquito que canta su canción Estival
consigue su Veneno en la lengua de la Calumnia.
El veneno del Tritón y la Serpiente
es el sudor en el Pie de la Envidia.

El Veneno de la Abeja melífera
son los Celos del Artista.
Los Ropajes del Príncipe y los Andrajos del Mendigo
son Hongos en la Bolsa del Avaro.

Una verdad contada con mala intención
puede con todas las Mentiras que puedas inventar.
Es justo que así sea:
El Hombre fue hecho para la Alegría y la Tristeza,

y cuando esto bien aprendemos
por el Mundo seguro caminamos.
Alegría y Tristeza enlazadas están,
un Ropaje para el Alma divina;

debajo de cada pena y cada anhelo
discurre una alegría con hilo de seda.
El niño es más que mantas y Pañales;
a través de las Tierras de los Hombres.

Las herramientas se hicieron, y las manos nacieron,
es algo que todo granjero comprende.
Cada Lágrima de Cada Ojo
se convierte en un Niño en la Eternidad;

y radiantes Mujeres o recogen
y su propio deleite lo devuelven.
El Balido, el Ladrido, el Grito y el Rugido,
son Olas que Golpean en la Orilla del Cielo.

El Niño que solloza bajo la firme Vara
Venganza escribe en los dominios de la muerte.
Los andrajos del Mendigo, ondeando en el Aire,
a Andrajos reducen el Cielo.

El Soldado, de Espada y Rifle armado,
golpea impotente el Sol de Verano.
El Penique del Pobre vale más
que todo el oro en las costas de África.

Una moneda arrancada de las manos del Labrador
comprará y venderá las Tierras del Avaro,
o si lo protegen desde lo alto
compra y vende la Nación entera.

Quien se burle de la Fe de un Niño
de burlas será objeto en su Vejez y Muerte.
Quien enseñe a un Niño a Dudar
jamás saldrá de su tumba corrupta.

Quien respeta la fe de un Niño
triunfa sobre el Infierno y la Muerte.
Los Juguetes del Niño y las Razones del Viejo
son los frutos de las Dos estaciones.

El interrogador que con astucia siéntase
jamás sabrá cómo responder;
quien responde a palabras de Duda
apaga la Luz del Conocimiento.

El Veneno más Fuerte conocido
vino de la Corona del Laurel del César.
Nada puede deformar la Raza Humana
como la abrazadera de hierro de la Armadura.

Cuando el oro y las Gemas adornen el Arado
la envidia se inclinará ante las Artes pacíficas.
Un Enigma o el Canto del Grillo
es buena Respuesta a la Duda.

La pulgada de la hormiga y la milla del Águila
hacen sonreír a la coja filosofía.
Quien duda de lo que ve
jamás ha de creer, no importa lo que hagas.

Si el Sol y la Luna dudaran,
de inmediato se extinguirían.
Para sentir Pasión el Bien puedes hacer,
mas el bien no harás si la Pasión te habita.

La Puta y el Jugador, por el Estado
autorizados, construyen el Destino de la Nación.
El grito de la Ramera, de Calle a Calle,
ha de tejer el Sudario de la Vieja Inglaterra.

El Grito del Vencedor, la Maldición del Perdedor,
bailan ante la Carroza Fúnebre de la muerta Inglaterra.
Cada Noche y cada Mañana
algunos Nacen a la Miseria.

Cada Mañana y cada Noche
algunos Nacen al dulce deleite.
Algunos Nacen al dulce deleite
algunos Nacen a la Noche sin Fin.

Se nos conduce a Creer una Mentira
cuando no vemos a Través del Ojo,
que Nació en una Noche para morir en una Noche,
cuando el Alma Dormía entre Rayos de Luz.

Dios Aparece y Dios es Luz
a aquellas pobres Almas que habitan en la Noche,
pero Despliega Forma Humana
a aquellos que Habitan los Dominios del día.
Poemas del Manuscrito de Pickering, 1803
Versión de Jordi Doce

jueves, 23 de marzo de 2017

Canción rota de despedida / Sencillo / Con los días contados / El pasado - Karmelo C. Iribarren - España


Canción rota de despedida

Llovía a cántaros
y no había un alma en la calle,
sólo la noche acercándose
por encima de los tejados,
sólo la noche y tu ausencia
tan enorme
que ni cabía en el aire.

Y no llegabas. Y no llegaste.

Y yo no tenía paraguas.
Y no había un puto taxi.
La madre que te parió.
De Haciendo planes, 2016


Sencillo

Verás
es muy sencillo:

los lunes
martes
miércoles
jueves
viernes,
son la vida.

Los sábados
no son más
que una efímera
ilusión.

Y los domingos
nos sirven
para encajar
bien
todo esto
De Desde el fondo de la barra, 1999


Con los días contados

Con los días contados,
chaval, así vivimos
todos. Esperando
a que nos tachen
de la lista. Distrayendo
la espera con tragos
y canciones. No hay más.
Puedes llorar o morirte
de risa. Como prefieras.



El pasado

Ahora
que he dejado
el alcohol,

no veas
el cuidado
que tengo que tener
con los camareros
de mi barrio,

en cuanto se toman
dos tragos,
me cuentan mi vida.

Reseña de Haciendo planes:
Karmelo C. Iribarren es un poeta que no condesciende con la vacuidad ni la palabrería, quizás porque ha aprendido a creer en la poesía con minúscula y a descreer de las poéticas con mayúscula. De ahí esa mirada suya tan desapegada y tan cercana, tan antisentimental y tan sentimental a un tiempo. Sus poemas, hablen de lo que hablen –y hablan de muchas cosas– hablan siempre de él mismo, es decir, de todos nosotros, sus lectores; "quien los lea tocará, como quería Whitman, no un libro sino un hombre." - Abelardo Linares

Reseña de El amor, ese viejo neón:
La poesía de Karmelo C. Iribarren está teñida de calle y de bar, de amor y soledad, pero sobre todo de noche. Karmelo y su poesía crecieron detrás de una barra, en medio de sus horas de trabajo como camarero, y esa experiencia ha teñido todas sus letras de un aroma a ginebra de garrafa y a madrugada triste. Su poesía traspasa la experiencia para adentrarse en la poesía de lo anodino, de lo descarnado e incluso de la "desexperiencia", de lo que no fue, no se vivió o no se amó.

martes, 21 de marzo de 2017

Silabario escolar - Derek Walcott - Santa Lucía (Pequeñas Antillas)


El poeta y dramaturgo antillano Derek Walcott, Premio Nobel de Literatura 1992, murió el pasado viernes en la isla de Santa Lucía (una de las islas de Barlovento de las Pequeñas Antillas), donde había nacido en 1930. Descanse.


Silabario escolar
In memoriam: H. D. Boxill
No tenía dónde registrar
el avance de mi trabajo
salvo el horizonte, ningún lenguaje
salvo los bajíos en mi largo paseo

hasta casa, por lo que extraje toda la ayuda
que mi mano derecha pudiera aprovechar
de las algas cubiertas de arena
de lejanas literaturas.

El rabihorcado era mi fénix,
yo estaba embriagado de yodo,
una gota de la púrpura del sol
teñía de vino el tejido de la espuma;

mientras araba blancos campos de olas
con mis canillas de muchacho, me
tambaleaba al deslizarse el banco
de arena bajo mis pies,

entonces encontré mi más profundo deseo
en las oscilantes palabras del mar,
y el esquelético pez
que era aquel muchacho tomó cuerpo en mí;

pero vi como el broncíneo
atardecer de las palmeras imperiales
curvaba sus frondas convirtiéndolas en preguntas
sobre los exámenes de latín.

Yo odiaba los signos de escansión.
Aquellos trazos a través de las líneas
llovían sobre el horizonte
y ensombrecían la asignatura.

Eran como las matemáticas
que convertían el deleite en designio,
clasificando los palillos lanzados al aire
de las estrellas en seno y coseno.

Enfurecido, hacía rebotar una piedra
sobre la página del mar; seguía
barriendo su propia sílaba:
troqueo, anapesto, dáctilo.

Miles, un soldado de infantería. Fossa,
una trinchera o tumba. Mi mano
sopesa una última bomba de arena para lanzarla
hacia la playa que se desvanece lentamente.

No obtuve matrícula
en matemáticas; aprobé; después,
enseñé el latín básico del amor:
Amo, amas, amat.

Vestido con una chaqueta de tweed y corbata,
maestro de mi escuela,
vi como las viejas palabras se secaban
como algas en la página.

Meditaba desde el acogedor puerto
de mi mesa, las cabezas
de los muchachos se hundían suavemente
en el papel, como delfines.

La disciplina que predicaba
me convertía en un hipócrita;
sus esbeltos cuerpos negros, varados en la playa,
morirían en el dialecto;

Hacía girar el meridiano del globo,
mostraba sus sellados hemisferios,
pero ¿adónde podían dirigirse aquellos entrecejos
si ninguno de los dos mundos era suyo?

El silencio taponó mis oídos
con algodón, el ruido de una nube;
escalé blancas arenas apiladas
intentando encontrar mi voz,

y recuerdo: fue
un sábado casi a mediodía, en Vigie,
cuando mi corazón, al volver la esquina
de Half-Moon Battery,

se detuvo a mírar cómo el sol
de mediodía fundía en bronce
el tronco de un gomero
sobre un mar sin estaciones,

mientras la ocre Isla de la Rata
roía el encaje del mar,
un rabihorcado llegó volando
a través del entramado de un árbol para izar

su emblema en los cirros,
con su nombre, fruto del sentido común
de los pescadores: tijera de mar,
Fragata magnificens,

ciseau-la-mer, en patois,
por su vuelo, que corta las nubes;
y esa metáfora indígena
formada por el batir de los remos,

con un golpe de ala por escansión,
esa V que se abría lentamente
se fundió con mi horizonte
mientras volaba sin cesar

más allá de las columnas, mordisqueadas por las ovejas,
de árboles de mármol caídos,
o de los pilares sin techo que fueron en tiempos
sagrados para Hércules.
De El testamento de Arkansas, 1987
Traducción de Antonio Resines

      En ocasiones (Neruda, Sartre, Hemingway, García Márquez), la concesión del Premio Nobel no es otra cosa que la corroboración de una evidencia: autores de prestigio universal ven confirmado con él un reconocimiento que público y crítica venían otorgándoles sin vacilaciones. En otras -no pocas-, la academia sueca yerra al magnificar una obra que en breve tiempo se tragará el olvido, o -lo que sin duda es peor- deja morir sin el supremo galardón literario (Proust, Kafka, Nabokov, Joyce, Borges...) autores sin los cuales es inconcebible la literatura contemporánea.
    No obstante, en escasas y celebrables oportunidades, el premio máximo de las letras no incurre en la obviedad, el exceso o la melancolía, sino que colabora a descubrir una obra esencial que hubiese seguido siendo patrimonio de unos pocos sin la iluminación internacional que el prestigio de su concesión otorga. Es el caso del extraordinario poeta y dramaturgo antillano Derek Walcott, autor de culto de una minoría de iniciados y una de las grandes voces de la lírica en lengua inglesa del siglo XX, al que el Nobel puso en circulación ante audiencias mucho más amplias y merecidas. [...] ALBERTO COUSTÉ

domingo, 19 de marzo de 2017

Beatus Ille/ 15 - Oda a la soledad - Alexander Pope - Inglaterra


Alexander Pope, unos de los poetas anglosajones más citados junto con Shakespeare y Tennyson, es conocido sobre todo por su poesía satírica y burlesca, pero con 12 años compuso el extraordinario poema que van a leer. ¿Cómo se puede escribir semejante poema a esa edad?

Ode on Solitude

Happy the man, whose wish and care
A few paternal acres bound,
Content to breathe his native air,
In his own ground.

Whose herds with milk, whose fields with bread,
Whose flocks supply him with attire,
Whose trees in summer yield him shade,
In winter fire.

Blest! who can unconcern'dly find
Hours, days, and years slide soft away,
In health of body, peace of mind,
Quiet by day,

Sound sleep by night; study and ease
Together mix'd; sweet recreation,
And innocence, which most does please,
With meditation.

Thus let me live, unseen, unknown;
Thus unlamented let me die;
Steal from the world, and not a stone
Tell where I lye.


Oda a la soledad

Feliz el hombre cuyos deseo y cuidado,
atados a unos pocos acres de suelo paterno,
es dichoso de respirar el aire natal,
en su propio suelo.

Y que se nutre con leche de sus rebaños y pan de sus campos,
y que se viste con lana de su grey,
y que en verano obtiene sombra de sus árboles
y en invierno, fuego.

Bendito aquél que ve sin aflicción
deslizarse las horas, los días y los años, suavemente,
con salud en el cuerpo y paz en la mente;
la quietud diurna.

El profundo sueño nocturno, lo complejo y lo simple,
todos mezclados; y el dulce recreo,
y la inocencia, que son más placenteros
con la meditación.

Dejadme así vivir, oculto, desconocido,
dejadme así morir, sin ser llorado,
substraído del mundo, sin siquiera una lápida
que anuncie que yazgo ahí.

viernes, 17 de marzo de 2017

Soneto CXXIII - William Shakespeare - Reino Unido


No, Time, thout shalt not boast that I do change:
Thy pyramids built up with newer might
To me are nothing novel, nothing strange;
They are but dressings if a former sight.

Our dates are brief, and therefore we admire
What thou dost foist upon us that is old,
And rather make them born to our desire
Than think that we before have heard them told.

Thy registers and thee I both defy,
Not wondering at the present nor the past,
For thy records and what we see doth lie,
Made more or less by thy continual haste.

This I do vow, and this shall ever be,
I will be true, despite thy scythe and thee.


Tiempo, no has de jactarte de mis cambios:
alzas con nuevo brío tus pirámides
y no son para mí nuevas ni extrañas
sino aspectos de formas anteriores.

Por ser corta la vida, nos sorprende
lo antiguo que reiteras y que impones,
cual si fuera lo nuevo que deseamos
y si no conociéramos su historia.

Os desafío a ti y a tus anales;
no me asombran pasado ni presente,
pues tus anales y lo visto engañan
al transformarse mientras te apresuras.

Por mí, te juro que he de ser constante
a pesar de tu hoz y de ti mismo.
Traducción de Manuel Mujica Láinez

miércoles, 15 de marzo de 2017

Quijotescas/ 30 - Un jinete - Bel Atreides - España


Tejida su mente de épicas y el fracaso de los siglos
-batallas soñadas no compraron un mundo-
Contempla el jinete un llano que engendra espacio absurdo.
Más allá del polvo bravo -metafísica póstuma de las eras-,
Sobre lomas viejas, tórridos molinos en ogros azules travestidos
Acechan en el aire cocido por el sol.
El ojo del hombre ensueño de gigantes alucina
Y su demencia desafía la cordura del yeso y de la piedra.
Y el jaco embiste...

Y aunque las torres aspadas al caballero triste
Derriban, magnánimo desdeña don Quijote la derrota.
Ésta llegará más tarde, lo cazará en el lecho,
Se llamará cordura, la traerá el hogar, el tino, la vigilia, la renuncia
A los sueños druidas...

De ogros zafiro y oro-epopeya.
Cordura... así los hombres la muerte terca titulan.
Pues de las nieblas de aquella alma demente había salvación,
Pero no en la razón, sino en mayor locura.

lunes, 13 de marzo de 2017

Literatura y ciencia/ 23 - La Vía Láctea - Justo Jorge Padrón - España


Busquemos, elijamos el centro de la vida
entre trillones de galaxias mudas,
una, quizás la más extraviada.
Crucemos por la noche inquebrantable
a través de la lumbre del misterio
hasta llegar sin pausa al hogar encendido.
Allí, en un rincón apartado del orbe,
girando en la hermosura de sí misma,
iluminada por difusos nimbos
de rotundas estrellas transparentes,
se yergue en los jardines siderales,
esta casa común: la Vía Láctea.

Tras el filo avizor de distancias remotas,
cerrados laberintos, espirales de nieblas,
esbozan los perfiles de globulares cúmulos,
astros insolidarios, altivas supernovas
brillando incandescentes como un millón de soles;
los agujeros negros, donde todo se olvida
en su voracidad de fauces pantanosas;
planetas sojuzgados por el frío,
esparsiles silentes con lunas clausuradas,
cárdenos asteroides vagabundos,
hostiles como el odio o la traición;
traslúcidos luceros tan cálidos y jóvenes
con el brillo candeal de su semilla
para poner erguido el aura de los sueños.

Cada solar sistema es una red,
un ámbito fluyente de apariciones súbitas
y desapariciones, creación, destrucción,
en incesante y lento transcurrir.
Al entrar en el nuestro, hay enjambres,
moléculas orgánicas que rodean a Helios
exhalación lumínica de indómitos cometas.
Son heraldos del sol que atraviesan sus lindes
descubriendo a los astros apagados
y a fugitivos cuásares que alumbran
un pujante universo desbordándose.

Plutón, el más distante de los mundos fraternos,
cubierto por su capa de metano glacial,
acompaña a su luna solitaria, Caronte.
Giran planetas turbios, monarcas del silencio,
proscritos por secretas lejanías.
Neptuno, en la luz verde de su cetro invisible,
vigía de las cósmicas honduras,
con Tritón y Nereida como amantes.

Urano, el enigmático, envuelto por su atmósfera
de ponzoñosas densidades frías.
y luego el rey de reyes, Saturno, el coronado
por cuatro aros concéntricos, rodeado de gemas
de todos los relumbres galaxiales.
Su séquito, de quince efebos mitológicos,
le despliegan la música imantada
de sus tenues esferas misteriosas.

Despierta, ciego, Júpiter tonante
en llanuras de hidrógeno y fáusticos relámpagos,
viento derrochador con titanes candentes.
Una esfera vislumbro ardiendo entre sus dunas.
Sus cárdenos volcanes amenazan.
Huracanes de arenas fugitivas
recorren el paisaje pedregoso de: Marte, rojo como la sangre
turbulenta.

El calor de dos lumbres en la distancia hermosa,
detiene la mirada. Son Venus y Mercurio.
Sus fuegos dialogantes nos contemplan.
Una luz acerada de acetileno astral,
atraviesa, nos fija desde dentro
para darnos la fe resplandeciente
de los sueños invictos, la espada luminosa
que hiende los temores más tenaces.

Y de súbito algo nuevo nos estremece.
Brisas, nubes, vergeles de la Tierra
colman nuestros sentidos de reconocimiento.
Frágil planeta azul, inmenso y cálido
que atraviesa los aires, los milenios,
llevando nuestros ojos, durmiendo nuestras almas,
haciéndonos ceniza, frondosidad de bosques,
latidos o recuerdos de las vidas que fuimos.
Los Planetas - Gustav Holst
Coro del Conservatorio de Nueva Inglaterra
Orquesta Sinfónica de Boston
Director: William Steinberg